Suena mi oscura juventud y suena
mi corazón extrañamente grave.
Es silencioso Dios. Yo no. Quién sabe
por qué esta y tanta cantidad de pena.
Parece que es dolor lo que me llena
hasta la altura de los ojos. Cabe
vida y muerte en mi voz, pero no hay llave
para abrir el amor; sólo hay cadena.
Lumbre lejana que me estás quemando
y no me dejas verte y no me tocas:
esto es un hombre, pero está llorando.
Sólo quiere vivir, pero en caliente.
Dime: ¿qué hago con las ganas locas
de ser agua en la sed, sed en la fuente?
Antonio Gamoneda, de Primeros poemas. La tierra y los labios.
(p288)
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